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La importancia de llevar calzado cómodo

La Organización Mundial de la Salud recomienda dar 10.000 pasos al día para llevar un estilo de vida saludable. Según sus datos, cumplir con este objetivo reduce el riesgo de muerte en más de un tercio y el riesgo de enfermedad cardiovascular en, al menos, un 20%.

Quizá, de primeras, el objetivo parece asequible. Entre lo que nos movemos en casa, en el trabajo, yendo a actividades extraescolares o a recoger a los peques del cole, recorriendo el súper en busca de los productos de siempre y un poquito de ejercicio extra... Como mínimo, ya cumplimos con la mitad de lo propuesto, ¿no?

Ojo. ¿Y si te decimos que 10.000 pasos son, más o menos, unos 7 kilómetros diarios? Seguro que eso cambia las reglas del juego. Pues, ahora, ¡imagínate tener que recorrer toda esa distancia con unos zapatos incómodos! Igual es porque nos dedicamos a lo que nos dedicamos, pero solo el hecho de pensarlo nos parece una auténtica tortura.

¿Por qué es importante llevar calzado cómodo?

Seas o no una persona activa físicamente (cosa que recomendamos y comentamos al final de este artículo), llevar un calzado cómodo es fundamental para sobrevivir a la rutina. Ten en cuenta que tus pies soportan todo el peso de tu cuerpo a lo largo del día, por lo que es esencial darles un soporte adecuado. Si tu calzado te queda grande, si no se ajusta a la forma de tus pies, si está demasiado viejo, si te hace daño en alguna parte… Olvídate de él. Unos zapatos incómodos o inadecuados pueden generar problemas como juanetes, callos, ampollas, heridas e incluso afectar a la postura. A largo plazo, es fácil que tengamos dolor de espalda, de caderas o de rodillas.

Además, si tu trabajo requiere de esfuerzo físico o implica estar de pie durante muchas horas, unos zapatos incómodos pueden hacer que te agotes antes de tiempo. En cambio, un calzado ergonómico y bien ajustado ayudará a distribuir mejor el peso de tu cuerpo y permitirá que te muevas con mayor facilidad.

¿Cómo podemos elegir el mejor calzado para el día a día?

Spoiler: estos consejos te van a parecer muy obvios, pero son FUNDAMENTALES para no sufrir durante la rutina.

1. Elige la talla adecuada. Eso significa que no solo hay que confiar en el número, sino que es importante probarlos y asegurarte de que se ajustan bien a tu pie, sin apretar ni quedar demasiado sueltos.

2. Opta por materiales transpirables: hay tejidos que permiten que el pie respire y evitan la sudoración excesiva. El poliéster, el nailon o el cuero son ejemplos de ello.

3. Presta atención a la suela: una buena amortiguación y un diseño antideslizante pueden marcar la diferencia.

4. Infórmate sobre las mejores tecnologías: hay zapatos exclusivamente diseñados para mejorar la amortiguación, para adaptarse a la forma del pie, para ponerlos sin necesidad de agacharnos…

5. Y, lo más importante: no sacrifiques la comodidad por la moda. A día de hoy, hay cientos de colores, formas, estampados y combinaciones posibles. ¡No te conformes con lo que más se lleva si es incómodo!

Conclusión: camina con confianza y sin dolor

Los pies son, literalmente, la base de nuestro día a día, así que darles el cuidado que merecen es fundamental. Invertir en un buen par de zapatos cómodos no solo hará que te sientas mejor, sino que también mejorará tu bienestar general. Así que, la próxima vez que vayas a comprar calzado, recuerda: la comodidad es la clave para caminar con seguridad, con salud y, por qué no… ¡También con estilo!

Para saber más: datos sobre la actividad física mundial en 2024 según la Organización Mundial de la Salud

1. El mínimo recomendado es practicar una actividad física moderada durante 150 minutos por semana (unas dos horas y media repartidas en 7 días completos).

2. El 31% de los adultos y el 80% de los adolescentes no cumplen con ese mínimo.

3. Las mujeres son una media de 5 puntos porcentuales menos activas que los hombres.

4. En adolescentes, el ejercicio mejora la forma física, la salud cardiometabólica, la capacidad cognitiva y la salud mental.

5. En adultos y ancianos, el ejercicio reduce el riesgo de mortalidad por enfermedades cardiovasculares, la hipertensión, la diabetes, la salud cognitiva, el sueño y las caídas.

6. Los factores sociales, culturales, ambientales y económicos influyen en el grado de actividad física de las personas.

7. El Plan de Acción Mundial de la Organización Mundial de la Salud sobre Actividad Física detalla determinadas políticas que los países y comunidades pueden seguir para velar por que las personas tengan más oportunidades de mantenerse activas (ej. promover los desplazamientos a pie o en bicicleta, practicar actividad física en colegios, ayudar a que el acceso al deporte sea más asequible, etc.).

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